Nosotros estamos en una era en
que hay una dominancia de las tecnologías de la información; por medio de
Internet, nosotros podemos fácilmente acceder a la información, tener acceso a
una multitud de productos, servicios y conocer muchas personas en línea.
El mundo funciona en base al poseer conocimiento y él trae poder; solamente aquellos que tienen calificación técnica pueden acceder a las posiciones más altas de la sociedad de tal modo que nuestros sistemas educacionales siguen esta presión y llenan nuestros cerebros de información sobre cosas y los hechos a ellas relacionados, describiendo las relaciones de causa y efecto para probar las hipótesis que componen el conocimiento considerado válido para los fines de la ciencia humana, lo que es una herencia del pensamiento de la epistemología griega, especialmente de Aristóteles.
La Santa Biblia nos da la respuesta, en el libro de
Eclesiastés, capítulo 1, versículo 18, y así nos dice: “Porque en la mucha
sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor” (Biblia
en la traducción Reina-Valera 1960).
El mundo funciona en base al poseer conocimiento y él trae poder; solamente aquellos que tienen calificación técnica pueden acceder a las posiciones más altas de la sociedad de tal modo que nuestros sistemas educacionales siguen esta presión y llenan nuestros cerebros de información sobre cosas y los hechos a ellas relacionados, describiendo las relaciones de causa y efecto para probar las hipótesis que componen el conocimiento considerado válido para los fines de la ciencia humana, lo que es una herencia del pensamiento de la epistemología griega, especialmente de Aristóteles.
¿Cuál es el resultado de esta
búsqueda desenfrenada por poseer conocimiento y posiciones cada vez más altas
en la sociedad?
La consecuencia de esta
búsqueda es molesta y dolorosa porque este tipo de conocimiento, según los
descubrimientos de la neurociencia, trabaja tan solamente el hemisferio
cerebral izquierdo, responsable del procesamiento del conocimiento linear,
lógico, literal y lingüístico. En esta búsqueda por conocimiento, acabamos por
aislarnos de nuestro semejante, dejamos de cultivar relaciones interpersonales
profundas y saludables que validen también nuestra existencia en un nivel
emocional y afectivo, los cuales son enlazados a la actividad mental del
hemisferio cerebral derecho[1].
Nosotros como seres humanos
necesitamos de amor, aceptación y aprobación para que podamos desarrollarnos
por completo y emocionalmente sanos, lo que implica cultivar relaciones sanos
de afecto y confianza, o sea, cultivar las formas de conocer del hemisferio
cerebral derecho, responsable de la captación (a través de las neuronas espejo)
y procesamiento de las experiencias concretas de relacionamiento que nosotros
tenemos y que son las únicas que pueden validar nuestra existencia por la
satisfacción de los siete deseos fundamentales de nuestro corazón, cuáles sean
el deseo de ser escuchado y comprendido, afirmado, bendecido, estar seguro, ser
tocado, escogido y aceptado[2].
Amor, aceptación y afecto no
son una cuestión de conocimiento lógico, pero si una cuestión relacional. El
conocimiento lógico no es apto para satisfacer nuestras necesidades afectivas
elementales; es algo que adquirimos o no, en nuestras relaciones desde la
niñez, especialmente con nuestros primeros cuidadores, nuestros padres y
figuras de autoridad.
El ser humano se desarrolla
principalmente a partir de referentes de paternidad, maternidad y de figuras de
autoridad, las cuáles construyen en nuestra mente y corazón la satisfacción de
las mencionadas necesidades afectivas, los siete deseos de todo corazón, para
garantizar la efectividad de la estabilidad emocional, la cual es
imprescindible para que podamos atender todo nuestro potencial.
En consecuencia de esa era de
la conexión digital y de la información, de esa búsqueda de conocimiento con la
finalidad de obtener los empleos y posiciones más elevadas en la sociedad, o
también por una cuestión de supervivencia socioeconómica, hemos abandonado
nuestro tiempo para cultivar los vínculos afectivos, especialmente por la
ausencia de tiempo de calidad, palabras de afirmación e incentivo, contacto
físico sano (besos y abrazos) por parte de nuestros primeros cuidadores y
otros, lo que hace que la adquisición de conocimiento sea una tarea que traiga
molestia y dolor, justamente por nuestro aislamiento emocional.
Si estos deseos no son
satisfechos de forma sana en la etapa de desarrollo psicosocial (niñez y
adolescencia), quedaremos subdesarrollados, vacíos emocionalmente y con un
dolor interno y frustración por eso, por consiguiente intentaremos
compensar nuestra pérdida afectiva de manera disfuncional, ansiosa y adictiva,
estableciendo relaciones marcadas por la dependencia emocional, posesividad,
ira, enojo, celos, envidia, mentiras, control y manipulación del otro para
satisfacernos de manera egoísta, como si de eso dependiera nuestra
supervivencia.
Cuando nuestras relaciones se
agotan y no se desarrollan, se desata la tentación de diversos tipos de
adicciones, vicios[3], tal como el uso del sexo como una
manera sustituta de la intimidad, las drogas, el vicio de trabajar, de
estudiar, etcétera, y las enfermedades psicosomáticas, como los trastornos de
ansiedad, pánico, depresión y otras.
Una vez más, la Santa Biblia nos trae el diagnostico y el camino de
la sanación: “El conocimiento envanece, mientras que el amor edifica. El que
cree que sabe algo, todavía no sabe como debiera saber. Pero el que ama a Dios
es conocido por él” (Primera carta de Pablo a los corintios, capítulo 8,
versículos 1-3, Biblia en la traducción de la Nueva Versión Internacional). El conocimiento
envanece, mientras que el amor edifica porque esta es la esencia del propio
Dios, que nos proyectó para recibir amor como forma de desarrollo de nuestra
personalidad.
El conocimiento no es malo en
si mismo, pero él no afecta la parte cerebral responsable para el cambio del
comportamiento, el hemisferio cerebral derecho. El conocimiento lógico y linear
es bueno si se refiera a las cosas, pero no para personas porque cuando yo sé
que sé algo porque lógicamente puedo demostrarlo (forma de procesamiento mental
del hemisferio cerebral izquierdo), me aparto de la confianza (forma de
procesamiento mental del hemisferio cerebral derecho); cuando ya no confío, yo
no estoy abierto a permitir que el otro me conozca, alejando a las personas,
cerrando la posibilidad de amor profundo y intimidad verdadera.
Este proceso de aislamiento
emocional también se profundiza por otras causas ligadas al desarrollo psíquico
y emocional, tal como el sistema familiar predispuesto al rechazo, abusos
sexuales, físicos y emocionales, insultos, abandono, descuido, divorcios,
conflictos familiares sin resolver[4], allá de la violencia espiritual,
imposición de miedo y vergüenza[5], de forma que acabamos por construir
paredes de protección emocional y relacional que obstaculizan la vinculación
sana con nuestros semejantes para evitar que seamos nuevamente heridos
emocionalmente y pasamos a desarrollar mecanismos de supervivencia para
convivir con la frustración y la ansiedad del dolor no sanado, tal como los
escapismos, las fantasías y las adicciones, incluso las sexuales, la
dependencia emocional, etcétera[6].
El amor verdadero es la
sanación para todas las heridas emocionales:
El amor es
paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No
se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda
rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás
se extingue, mientras que el don de profecía cesará, el de lenguas será
silenciado y el de conocimiento desaparecerá (Primera carta de Pablo a los
corintios, capítulo 13, versículos 4-8, Biblia en la traducción de la Nueva Versión Internacional).
Relaciones de amor y amistad de
este tipo pueden sanarnos si hemos perdido los vínculos apropiados en nuestro
desarrollo emocional porque él nos trae empatía y afectividad, alegría, paz,
paciencia, bondad, fe, mansedumbre, templanza; estas son cualidades
conductuales, interpersonales, que se vinculan con la actividad mental del
hemisferio cerebral derecho y que sólo pueden ser producidas en las relaciones
marcadas por el amor, el afecto, la confianza, la empatía y el correcto
ejercicio de la dirección de la autoridad, en fin, tales relaciones son los
únicos que pueden cumplir con las siete necesidades fundamentales del hombre
referidas anteriormente, sustituyendo y resolviendo relaciones rotas y disfuncionales
que tuvimos en el pasado, particularmente con el perdón de las ofensas
cometidas contra nosotros.
Tanto es así que, delante de
los nuevos descubrimientos de las neurociencias, una parte más contemporánea de
la psicología predica que el psicoterapeuta no es un sujeto indiferente que
apenas opina y ofrece soluciones para los conflictos del aconsejado, pero tiene
que ser un agente de escucha empática para promover el cambio de la conducta a
través del incentivo y del establecimiento de una “resonancia emocional” que
facilite la sanación psicológica.
En resumen, debemos buscar el
conocimiento lógico y linear para obtener nuestro bien estar socioeconómico,
pero no debemos olvidar de cultivar relaciones de amor y confianza, incluso con
la ayuda profesional si nos fuera necesaria, y sanar las relaciones rotas
y disfuncionales para que podamos desarrollar por completo y lograr el máximo
de nuestro potencial para vivir una vida mejor.
Pablo Luiz Rodrigues Ferreira
Trabajo de redacción para el
primero nivel de español
Curso de Idiomas Castilla
Enero de 2013 – curso de
vacaciones
Profesor Antonio Martínez
Nodal
[1] THOMPSON, Curt. Anatomy of the Soul: Surprising connections between
neuroscience and spiritual practices that can transform your life and
relationships. Tyndale Publishing House, 2010, p.
8-34.
[2] LAASER, Mark; LAASER, Debra. Los Siete Deseos de Todo Corazón.
Miami: Editorial Vida, 2009, p. 13.
[3] Prólogo de Gary Smalley in: LAASER, Mark R. Cómo sanar las heridas de la
adicción sexual. Miami: Vida, 2005, p. 7.
[4] COHEN, Richard. 10ª ed. Comprender y sanar la homosexualidad.
Madrid: Editorial Libros Libres, 2012, p. 58-94.
[6] LAASER, Cómo sanar las heridas de la
adicción sexual, p. 113-122.
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OBSERVAÇÃO AO PÚBLICO DE LÍNGUA PORTUGUESA: Este texto é fruto de meus estudos em língua espanhola, tendo sido originalmente apresentado como um trabalho de redação para a avaliação do 1° nível do curso de idiomas Castilla. Ele marca a tônica das e-pístolas que desenvolverei ao longo de 2013, a qual conciliará a renovação da mente e das emoções não só de um ponto de vista espiritual, mas também com o conhecimento que as neurociências nos trazem a respeito do funcionamento do cérebro, que é o hardware da alma e do espírito. Nesta oportunidade, quero agradecer ao professor Antonio Martínez Nodal pelo incentivo, ensino consistente e correção. Agradecer ao amigo Savio Prado pelo incentivo.
Peço desde já desculpas aos meus leitores de língua portuguesa, mas, por conta do tempo apertado, não traduzi o presente texto, o que farei em tempo oportuno. Um abraço e, se puderem, repassassem este texto para os seus amigos e irmãos de fala espanhola.
Este é um desejo antigo do meu coração, que, graças a Deus, hoje se torna realidade.
A paz de Deus seja com todos.
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